Estar solo y aceptarlo sin el miedo a la soledad, decir tengo a un solo amigo y saber que hablas de ti mismo y de lealtad, reconocer que en la noche al llorar solo tú te puedes consolar. Pero es difícil de confesar, estoy solo y no tengo a nadie más.
El aire que respiro sale de mi cuerpo y entra en el de los demás y aun así no hay conexión, más que la falsa pregunta diaria de: “¿Hola, como estas?”
Y mientras los demás se mienten poniendo nombres de sus amigos en listas falsas, yo estoy solo y aun así me sobra compañía, de la que no juzga, de la que conforta y nunca falla, porque aunque esté solo, estaré siempre conmigo, solo yo, mi mejor amigo.