Le di vueltas a mi discurso y al fin encontré las palabras perfectas. Lo más difícil sería verme casual, acercarme de una manera “natural.”
---Hola, ¿Tu trabajas en una librería, no?
--- Trabajaba, ya no, ¿Como te llamas?
---Alejandra y ¿Tu?
---Ismael
---Ah mucho gusto, este, eh, ¿Eres del DF? O ¿Por qué tienes ese acento tan diferente?
---Ah es que me eché una tacha.
---OK, bueno, nos vemos.
Dentro de las muchas vueltas que le dí, nunca me prepare para una respuesta así, mejor me fui. Y así de sencillo, una vez más un intento fallido. Creí que mi ideal se pondría en paralelo a la realidad. Y no fue así, pero gracias a este dialogo absurdo, a pesar de todo me divertí.