Como las mañanas en las que despiertas y quieres volver a dormir para seguir soñando.Vuelves a dormir y el sueño nunca es el mismo, porque es efímero el sentimiento de perfección que sabes que en la vida real no sucede. La mañana de hoy pareció un sueño, pero por primera vez fue real. Despertamos juntos, y salimos a la calle, hacia frío y me puso su chamarra, me ofreció su brazo y caminamos sin rumbo en las calles del centro de la ciudad. Vi el reflejo de nosotros en una ventana grande y nos veíamos felices, yo con mi vestido azul y su chamarra café, mis tacones me empezaron a calar. El con sus tatuajes y su sonrisa. Nos paramos en una tienda china donde vendían juguetes de plástico baratos y compre unas pantuflas para poder seguir caminando, mientras el se emocionaba con los juguetes. Su edad se me olvido por un instante. La ciudad que veo a diario era distinta, la gente nos miraba y yo descifraba sus pensamientos. Los viejos nos miraban con envidia de vernos sin preocupación. Llegamos a un restaurante y nos reímos de mis pantuflas antes de entrar. Nos sentamos, comimos lo mismo, volvimos a reír por casi todo. No necesitábamos muchas palabras, no lo conozco y no me conoce y aun así, hoy protagonizamos la realidad de vivir, aunque mañana se acabe, lo que es el amor.