Ojeras
Descubrí que mis ojeras dicen mucho de quien era. Muestran el cansancio del que pocas veces me di cuenta.
Hoy mi rostro es el que carga con las huellas más severas. Las tristes, las bellas, las memorias que no recuerdo pero frente al espejo puedo verlas. Son esas marcas debajo de mis ojos la sombra de mi esencia: oscura, orgullosa, rebelde a desaparecer.
Las pudiese cubrir, tal como lo he hecho tantas veces con mi sentir, pero es mejor dejarlas al descubierto. Siempre he preferido poner en segundo lugar mi apariencia que a mi intelecto.
Mis ojeras dicen mucho de quien era, relatan la historia de mis noches sin dormir, de mi insomnio, mis pesadillas y mi miedo a morir. Debajo de mis ojos esta la prueba de que escogí encontrar paz por medio de la guerra.
Siempre preguntándome a donde iba y quien era. Mientras otros dormían, yo fumaba y pensaba y quería arreglar al mundo y me cansaba. Dormía poco y una vez más me levantaba. Vivía más y más preguntaba. Mis ojos se abrían, mis ojos se cerraban. Y así la historia de cómo mis ojeras se formaban. A veces grises, otras veces moradas, siempre el adorno de mi rostro que cambiaba.
Mis ojeras dicen mucho de quien era, cuando al sentir el frio por debajo de la puerta sentía que iba a amanecer, y en vez de descansar seguía yo sin que hacer. Nunca cesaron mis ganas de pelear, de convertir conciencias y a otros inspirar. Cuando me di cuenta de que los demás nunca van a cambiar, mis ojeras se empezaron a profundizar.
Pero mis ojos nunca perdieron su brillo. Mis ojeras son a mis ojos como un vestido sencillo engalanado por un bello abrigo. Son dos medias lunas realzando a dos estrellas, que ya no brillan como antes pero llevan luz eterna. Mis ojeras dicen mucho de quien era, y mientras mis ojos se sigan abriendo, mis ojeras algún día les contaran la historia entera.